En plena pandemia COVID 19 exigen aclaración del 5% por venta de paraestatales de LZC

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*La vida de Alfredo y Cayetano pende de un hilo, al manifestarse en huelga de hambre en el Zócalo de México.

POR Baltazar SÁNCHEZ HUERTA

  LÁZARO CÁRDENAS, MICH.- La primer huelga de hambre en México que podría alcanzar un nivel de alto riesgo en plena pandemia del coronavirus y poner en riesgo su salud que puede causar la muerte de dos ciudadanos de este puerto Alfredo Morelos García y Cayetano Bonifacio Hernández ex trabajadores de la extinta paraestatal de Sicartsa, que desde hace casi 24 horas se declararon en un movimiento a nivel nacional, sin que hasta el momento alguien se haga, encargado de la atención médica de las personas en ese campamento.

  “Hay dos compañeros huelguistas y los que encuentran en estado vulnerable porque Cayetano Bonifacio, padece enfisema pulmonar los dos están propensos a un infarto o a un paro respiratorio por estar al intemperie, los huelguistas se encuentran en un campamento instalado en el corazón de la Ciudad de México, junto al Palacio Nacional, la catedral Metropolitana y la sede del Gobierno de Ciudad de México antes Distrito Federal.

  En un comunicado que emite Cayetano Bonifacio, donde explica que debido al poco interés de las autoridades de los tres niveles de Gobierno a quienes hace responsables de lo llegase a suceder en detrimento de su salud y la vida de él y su compañero Alfredo Morelos, en exigir la aclaración de los destinos del recurso por venta de las paraestatales asentadas en este puerto, SICARTSA, Fertinal, SEPOLAC, hoy APILAC, NKS, pese a esfuerzos a fin que las autoridades atienda las demandas del pueblo y escuchen lo que ocurre en Lázaro Cárdenas.

Cabe destacar que la privatización en México ha traído más miseria en los pueblos industrializados que beneficios.

  La rapidez con que se extiendió por el mundo el movimiento privatizador se explica en parte porque coincide con la desilusión generalizada hacia el Estado promotor y sus excesos. Los límites del enfoque racional del Estado benefactor permitieron que los conceptos básicos de la economía neoliberal encontraran una nueva preeminencia. En México, el cambio coincide con el inicio del gobierno del presidente De la Madrid y el desprestigio de los excesos de los gobiernos priístas anteriores. Se abandona la política progresista y nacionalista y se adopta una política de carácter neoliberal.

  El proceso de privatización tiene tres etapas: en la inicial, de 1984 a 1988, se realiza la privatización de varias empresas de diversa índole y actividad; en la segunda, de 1988 a 1999, se realiza ya la privatización a fondo de varios sectores, como los de siderurgia, banca y teléfonos; y en la tercera, de 1995 a 2000, se profundiza aún más el proceso y se realizan cambios constitucionales para vender los ferrocarriles y la comunicación vía satélite. En este documental habremos de revisar el período inicial y luego examinaremos los distintos sectores económicos en los que se llevó a cabo la privatización.

La Industria siderúrgica en el país. SIDERMEX, como se llegó a llamar al conjunto de las tres siderurgias en manos del gobierno, estaba conformada por Altos Hornos, S.A. (AHMSA), Fundidora Monterrey, S.A. y Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, S.A. de C.V. (SICATSA), del cual se habla de un fideicomiso o el 5% para los obreros como accionistas de las empresas que se pagaron con recursos públicos.

  La primera, Altos Hornos, S.A. (AHMSA), fue resultado de una promoción originalmente privada durante la época de la II Guerra Mundial; enseguida fue tomada por Nacional Financiera, que la promovió y apoyó en su crecimiento. Durante casi dos décadas fue una de las filiales más rentables de NAFINSA.

  Fundidora Monterrey, S. A., de promoción privada, fue la primera siderúrgica de América Latina que se desarrolló y creció en forma sana, hasta su última expansión. Ésta fue en su mayor parte financiada con créditos de plazo no suficientemente largo y en moneda extranjera. Así, la empresa llegó a una crisis financiera profunda con la devaluación de 1976 y NAFINSA, para evitar su quiebra, la absorbió capitalizando créditos y garantías. Y SICARTSA, que sí fue una promoción deliberada del Estado a través de NAFINSA, estuvo destinada a explotar yacimientos ferrosos en la tenencia de La Mira en zona cercana al puente de Lázaro Cárdenas.

  Las tres empresas de SIDERMEX, altamente financiadas con créditos en moneda extranjera, fueron seriamente afectadas con las devaluaciones de 1976 y de 1982, al grado que NAFINSA no pudo realizar su saneamiento, y el gobierno federal no autorizó capitalizaciones. En consecuencia, Fundidora de Monterrey entró en un proceso de liquidación y las otras dos, algunos años después, se pusieron a la venta.

  El gobierno asumió pasivos por cerca de 6000 millones de dólares (2500 AHMSA, 1000 SICARTSA I y 2500 SICARTSA II), sin contar que en el cierre de Fundidora se absorbieron pasivos por otros 2000 millones de dólares. Esta asunción de pasivos saneó financieramente a las tres empresas, pero aun así se decidió liquidar a Fundidora y privatizar a las otras dos. La operación de venta o privatización se realizó por la unidad que se creó ex profeso para las privatizaciones en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

  El resultado de la gestión de venta fue que las empresas prácticamente se regalaron: Por SICARTSA I se obtuvieron 164 millones de dólares; por SICARTSA II, 170 millones de dólares, y por AHMSA, 145 millones de dólares. Un total de 755 millones de dólares, frente a un capital contable que se estima por el autor en por lo menos 6000 millones de dólares (recuérdese que los pasivos fueron absorbidos por el gobierno federal).

  Sería muy interesante que la SHCP hiciera públicas todas las cifras relativas a esta operación. El bajo precio se explica en parte porque la privatización se hizo cuando los precios del acero estaban deprimidos. El hecho es que SICARTSA I y II, ya privadas, continuaron siendo empresas rentables. AHMSA, a pesar de privatizarse a precios tan reducidos, volvió a caer en quiebra, y no es sino hasta ahora, por los elevados precios del acero, que parece que podría salir adelante.

  Sobre la privatización, acaso valga la pena destacar un hecho: ISPAT, gran consorcio acerero indio, después de comprar SICARTSA II al precio antes mencionado, vendió el molino de placa que formaba parte de los activos de la empresa -si bien no se había instalado y continuaba empacado- a un precio del doble de lo que pagó por toda la empresa.

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