Itzé Camacho, con el enemigo en casa

Por: Carlos Casillas

Lázaro Cárdenas, Mich., El viernes pasado estuvo el gobernador Silvano Aureoles y la plana mayor de gobierno, el secretario general y secretaria de salud. Ellos cumplieron con su agenda, que tiene que ver con poner en marcha unidades móviles de salud para la detección y detención de contagios y tristemente en ninguno de estos actos de vio a la presidenta municipal Itzé Camacho, Que seguramente atendió su propia agenda. Sabemos y hemos sido testigos a lo largo del tiempo que cuando un gobernador va a un municipio, los alcaldes procuran aprovechar la estancia para hacer planteamientos de programa u obras para hacer compromisos en pro de los ciudadanos. Hoy no hubo esa oportunidad porque parece ser que en las agendas no pudieron coincidir en algunos eventos y en consecuencia muchas cosas se quedan pendientes. La primera impresión de los rumbos distintos, que no son nuevos entre ambos gobernantes, significa que no ha habido voluntad de conciliar intereses y cada uno trae película distintas y diferentes de cómo deben ser las coas; cada quien trae su orgullo marcado por el tinte político, pero en medio nos quedamos todos los demás, los ciudadanos de Lázaro Cárdenas, los de a pie. Hay que decir también que mientras la Jurisdicción sanitaria busca aplanar la curva de contagios, la presidenta no podido, o querido en el peor de los casos, aplana la curva de sus críticos que se han convertido en más que la piedra el zapato, no ha podido revertir las tendencias negativas a su administración y las criticas ácidas de todos los actos y todas las veces que aparezca en redes sociales, porque siempre están detrás de ella su críticos que son conocidos y reconocidos, y donde hay quienes no le perdonan haberlos sacado de la comodidad el empleo y critican con tanta acides, pero donde hay también que en verdad consideran que la actuación de la alcaldesa pudiera ser mejor, para no decir que es mala. Debe la alcaldesa, en consecuencia dar un golpe de timón a su administración, hacer cambios y buscar una plataforma para un relanzamiento de su gobierno porque detrás de ella hay un descredito de acciones y actitudes que llegaron con ella a la administración. Los cambios, por supuesto, tienen que tener un propósito para que se puedan justificar, y no como los muchos que hubo en la primera parte de la administración –recordé cuando Calígula quien, entre las muchas decisiones un tanto particulares que tomó, se encuentra el hecho de haber designado a su caballo favorito, llamado Incitatus, como cónsul, para demostrar al senado su peso de poder- Tantos han sido los cambios que se puede asegurar que en número ya fueron removidos casi la totalidad e quienes entraron con Camacho Zapiaín a la administración y que ni por ello se ha notado una mejoría en el enfermo. La alcaldesa deberá tomar en cuenta que entre sus principales detractores están parte de quienes estando dentro de la nómina, llegaron en su momento a adorarla, pero también quienes en la comodidad del salario navegan de “a muertito” viéndolas pasar. Debe entender la alcaldesa que las facturas políticas, que son compromisos electorales y lo mucho o poco que hayan hecho en su favor en campaña, están suficientemente y si quiere rescatar la administración requiere de nueva visión para sin salir con los menos raspones y la piel menos abollada. Ello significa también conciliar con el síndico, acabar con esa guerra “chiquita de pero de alta intensidad”, “cerrar los oídos a los “cantos de las sirenas” y los “vendedores de espejos mágicos” que la rodean, así sean su propia familia o asesores; de quienes a la ligera aconsejan que “no pasa nada” en cada decisión, por equivoca que esté, porque debe saber que al final siempre pasa algo; dejar de lado la actitud de pugilista porque, por mucha condición solo serán tres raúns, ya lleva uno y medio, pero sobre todo, debe dejarse ayudar de las opiniones bien intencionadas y aprender a escuchar.